¿Qué guardan aquellas calles angostas y empedradas?
¿Acaso son solo peligros, artesanos, fantasmas y recuerdos? La candelaria, corazón histórico de Bogotá, espacio logrado gracias a que el comercio se abrió hacia el norte y no modernizó ni modificó a la tan colonial candelaria.
Centro histórico que atrae turistas, músicos, pintores, bailarines, escultores y admiradores históricos, entrecalles con casas de ventanas rotas, puertas pesadas, balcones, fachadas deterioradas y, en gran parte de ellas, mucho color. Aromas, colores, sabores, sentires, miradas, enigmático lugar.
Enigmático, así es la calle que te lleva hacia "el centro del pecado", como algunos llaman al Chorro de Quevedo, centro por excelencia de la candelaria. Para llegar allí hay que pasar por la famosa "calle del embudo", denominada así por su forma. La afluencia de jóvenes en el sector en verdaderamente alta donde no hay restricción de estilos, modas, lenguajes o apariencias, cada uno se expresa con libertad y camina por esta calle como si fuera tan solo la sala de su casa.
Una de las insignias del Chorro de Quevedo es la "chica"; por todos lados vemos letreros de "si hay chicha", ¡que bebía tan colombiana, tan autóctona, tan antigua, tan amarga, tan dulce, tan buena!, pero, ¿Por qué es la "Chicha" y no otra bebida?, porque aun se sigue en la antigua guerra de competirle a la cerveza, aquella que se encargo de desbancar a la chicha del lugar popular donde estaba.
Historiadores por todos lados, todos con atuendos artesanales y rezando la historia del chorro de Quevedo como el padre nuestro, aroma a café revuelto con chicha, humo e incienso, mientras alguno de aquellos que logró convencerte de ser tu guía te cuenta detalladamente la historia del chorro de Quevedo, tan solo a cambio de un cigarrillo, unas monedas o "un pan".
En pocas palabras aquellos historiadores cuentan que, con la consigna de los conquistadores de fundar y poblar, Quesada resolvió crear un asentamiento urbano donde pudieran vivir en forma ordenada bajo un gobierno estable. Hacia el oriente, al pie de los cerros, hallaron un poblado de indios llamado Teusaquillo cerca de la residencia de recreo del Zipa, provisto de agua, leña, tierras para sembrar y resguardado de los vientos por los cerros de Monserrate y Guadalupe. Aunque no existe acta de fundación de la ciudad, se ha aceptado como fecha de fundación el 6 de agosto de 1538.
Según la tradición, aquel día el sacerdote fray Domingo de las Casas ofició la primera misa en una iglesia pajiza, levantada cerca de la actual catedral o del actual Parque de Santander. Se dice que ese día la región recibió el nombre de Nuevo Reino de Granada y el poblado se llamó Santa Fe. Diseño urbanístico. El trazado urbano se diseñó en forma de cuadrícula y desde entonces se implantó la medida de cien metros por cada lienzo de cuadra. Las calles de travesía - oriente-occidente - tuvieron 7 metros de ancho y las actuales carreras, 10 metros. En 1553 se trasladó la Plaza Mayor - hoy Plaza de Bolívar -, al sitio que ocupa actualmente y se inició la construcción de la primera catedral en el costado oriental. En los otros costados se localizaron las sedes del Cabildo y de la Real Audiencia. La calle que comunicaba la Plaza Mayor con la de las Hierbas, - actual Parque Santander - se llamó la «Calle Real», hoy Carrera Séptima. Población de Santa Fe.
Estaba conformada por blancos, mestizos, indígenas y esclavos, y a partir de la segunda mitad del siglo XVI comenzó a crecer rápidamente. En el censo de 1789 se registraron 18.161 habitantes, y en 1819 la población de la ciudad, que ya contaba con 195 manzanas, era de 30.000 habitantes. Su importancia aumentó con la creación de la diócesis. Hasta 1585 la única parroquia fue la de la Catedral; luego se crearon la de Las Nieves al norte y la de Santa Bárbara al sur de la Plaza Mayor
Según el estudiante de Arquitectura de la Universidad Javeriana Kevin Otálora, la arquitectura de las casas de la candelaria se caracteriza por la construcción de las mismas con un patio en la mitad, debido a que en ese tiempo lo consideraban como un espacio social y de reunión, es allí donde se reunían todos los integrantes de la casa para hablar un rato. Las fuentes son algo característico en todas las casas de este barrio, porque para ellos hacia ameno este lugar, era algo natural y fresco que le daba tranquilidad al ambiente de ls hogares.
Las casas son muy horizontales, por así decirlo, debido a que como era un cerro y estas debían ser construidas de este modo para evitar el golpe del frío. Es importante destacar que en estas casas son la mayoría de madera; cuando empiezan a construirlas todo su alrededor estaba rodeado por árboles, entonces deciden hacer uso de ellos para construir lo que ahora se ve como pisos, escaleras, puertas y demás.
Siendo un territorio empinado y con corrientes de agua recorriendo constantemente las calles, estas debieron construirse angostas y en piedra.
Todas las calles tienen un nombre y todos tienen un, por lo general eran sucesos que pasaban al momento de llegar a ese lugar. Un ejemplo de tantos es "La Calle De La Fatiga", que está en la parte más alta de este sector y debido a que normalmente quién subía por allí llegaba cansado y fatigado, se le dio tan nombre.
Al ver a "Joha", como suelen llamarla , revivo toda aquella historia que envuelve aquel lugar; ella me recibe con un gran saludo de bienvenida, como si estuviera llegando a un gran establecimiento, ofreciéndome "lo que quiera mona, le tengo "cripie" o "ganja", eso por el lado natural, pero pues si quiere le tengo...", no permití que siguiera brindándome y respondí con un recatado " no te preocupes, mil gracias". Esto se prestó para conversar y preguntarle como una mujer tan bella, de más o menos 170 de estatura, ojos miel, cabello negro y ondulado, delgada y carismática había llegado a ser vendedora de la candelaria, y dentro de su lenguaje entre dientes me dijo que el mundo era de los ricos y que a nosotros los pobres nos quedan dos caminos, ser muy humildes y aceptar la realidad, trabajar como esclavos y vivir sin progresar, o robar, prostituirse, vender droga o matar, "que prefiere usted mona?". Con un gesto de afán, dejé pasar a Joha y seguí mi camino.
Se acercó a mi un joven con los ojos desorbitados pero sonriente diciéndome "monita que ojos tan bellos, se merece una de mis creaciones" y mientras tejía una manilla verde, amarilla y roja con unos hilos que traía colgados en su cuello, cantaba "hay no te vayas no me dejes tonight, porque yo quiero que me ames tonight", canción de Sargento García titulada "Mi Última Voluntad", mientras tanto yo lo acompañaba con mi canto. Al amarrar su manilla en mi muñeca me dijo que mi energía era "severa" y que sería una mujer muy exitosa, le dí un par de monedas y al agradecerse me perdió entre tanta gente.
Vi que se acercaba una joven de unos 16 años de tez morena junto a una abuela, que por cierto estaba muy asustada, cuadro que causa bastante curiosidad ¿no?, por eso decidí abordarla y decirle "tranquila Abue que nada le pasa, esta con una hermosa nieta que la cuida", este fue el detonante de una gran conversación. La chica se llama Jazmín Tobar, recién entra a la universidad de la salle y es huérfana desde los 3 años, desde entonce vive con su amada abuela, quien le "alcahuetea" todo lo que ella quiera. Por eso mismo había decidido mostrarle a su abuela un poco más de lo que a ella le gusta ocasionalmente al salir de clase.
Doña Otilia, abuela de Jazmín tan solo me dirigió un par de palabras con rostro de miedo y desagrado "yo no entiendo a los jovencitos, disque gustarles venir a una plaza vieja a ver un poco de locos fumando marihuana, yo si le he dicho bastante a Jazmín, pilas con sus amistades, usted ya sabe no señorita?", pregunta dirigida a Jazmín. Nuestra conversación terminó cuando Jazmín vio a uno de sus amigos y decidí dejarla seguir.
Ambiente ameno, música, jazz, rock, reggae, guitarras, maracas, flautas, tambores y jóvenes cada uno expresándose naturalmente, sin restricciones ni condiciones. A pesar de ser diferentes bares y restaurantes, todos conservan esa esencia antigua. Cómo siempre preferí sentarme en "rosita restaurante" en una de las esquinas del Chorro y tomarme un vino caliente al sonar de la lluvia suave. En las calles una pareja con un saxofón y una guitarra interpretaban sus canciones mientras otros muchos los escuchaban, los seguían, las cantaban, o como decimos coloquialmente, "se la soyaban".
Otros prefirieron escuchar el repertorio de cuentearía típica del sector, que reúne a gente de todos los estratos, todos con el mismo fin de divertirse. Después de tomarme un vino decidí integrarme en los aromas y me encontré con un café callejero donde me recomendaron tomarme un carajillo o un canelazo. Un carajillo es aguardiente con jugo ácido, de maracuyá preferiblemente y el canelazo es aguardiente con agua de panela. Los dueños eran quienes atendían, una pareja gay, estudiantes exitosos de la Universidad Distrital y viven juntos allí.
Todo se acabo con una feroz lluvia que acabo con toda presencia humana del lugar, todos nos escabullimos corriendo para escampar. Los aromas cambiaron, la noche asechó, se sentía soledad y tristeza, como si hubiese allí algún espíritu con energías fuertes que amenazara con su soledad. Caminando por la calle del embudo, devuelta a mi normalidad recordé viejos tiempos y, a pesar de no querer irme de allí y seguir viviendo aquellos momentos bohemios, el deber llama y la vida sigue.,.. El chorro es un buen lugar para despejar.
Katherinn Moyano Díaz
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